Yendo de la Cabeza al corazón
Cambia de pensar a sentir. La mejor manera es empezar a respirar desde el corazón.
Durante el día, siempre que te acuerdes, inhala profundamente; sentí cómo te golpea justo en el medio del pecho. Sentí cómo toda la existencia está entrando a raudales en vos, en tu corazón, exactamente en el medio, ni a la izquierda ni a la derecha....., exactamente en el medio. Ahí es donde está tu centro del corazón.
No tiene nada que ver con el corazón físico. Es algo totalmente diferente; pertenece al cuerpo sutil.
Respirá profundamente y, siempre que lo hagas, hacelo por lo menos cinco veces, una respiración profunda; inspirá, llená el corazón. Sentí que está en el medio, que la existencia se está vertiendo a raudales en vos, a través del corazón: vitalidad, vida, divinidad, naturaleza..., vertiéndolo todo.
Y entonces exhalá profundamente, otra vez desde el corazón y sentí que estás vertiendo nuevamente a la existencia todo lo que se te ha dado.
Hacelo muchas veces al día y te volverás cada vez más sensible, más consciente de muchas cosas. Olerás más, saborearás más las cosas, tocarás más, verás más, oirás más; todo se volverá más intenso. Empezarás a sentir la vida latiendo de verdad en tu interior.

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