Saber escuchar
LA ESCUCHA
En este me permito hacer una reinterpretación de la escucha, ya no como solo oir+interpretar, sino que el oir involucra no solo el oído sino todos los sentidos.
Todo proceso comunicacional descansa en la escucha. La escucha es lo que valida el habla. Para que el habla sea efectiva (y haya comunicación) es necesario primero una escucha efectiva de las inquietudes del otro.
Escuchar entonces es PERCIBIR + INTERPRETAR.
La escucha, es siempre activa. No tiene nada de pasiva. Toda interpretación se realiza desde un pasado, desde una tradición de sentido de nuestra propia historia y de nuestra comunidad. Todo esfuerzo por conferir sentido nace de nuestros prejuicios. Son ellos los que nos permiten interpretar lo que nos dicen. Pero así como nos sirven para interpretar (no podemos desprendernos de ellos) es importante soltarlos y conferirles fluidez y capacidad de auto transformación a nuestra capacidad de escucha.
Cada uno interpreta lo dicho a su manera, por lo tanto, en dos horizontes ( el de quien habla y de quien escucha) hay una brecha. La buena noticia, es que desde el conocimiento de esta brecha, podemos hacernos responsables de lo que comunicamos.
Una buena relación es aquella que logra manejar las diferencias desde el respeto y la validación del otro. Las herramientas básicas para reducir la brecha son: verificar las escuchas, compartir inquietudes e indagar.
La escucha como apertura a la comprensión de un otro como diferente.
Hay cuatro niveles en el proceso de apertura:
1) La escucha en el sentido semántico y práctico del habla del orador: remite al sentido semántico y a la acción que está haciendo cuando habla (me pide, me está contando algo, me critica, etc…)
2) Le escucha de las inquietudes del orador: Aprender a escuchar algo que no se encuentra en lo que el otro dice, sino detrás de lo que dice.
3) La escucha de la estructura de coherencia del observador que es el orador: Todo hablar revela al tipo de observador que soy, tanto en el habla como en cuerpo y emoción. Y lo segundo, opera en el tiempo: es coherente lo que declara con lo que hizo o hace?
Alguien le hace mal a otro cuando se siente profundamente herido, cuando tiene miedo y procura defenderse. Por eso hablo de escuchar el bien en el otro, porque supone que cuando otro actúa mal o hace daño lo hace porque se siente amenazado y vulnerable.
La escucha, es entonces, el mejor indicador de la calidad de nuestras relaciones personales. Si la calidad no es buena es probable que alguno de los integrantes no se sienta escuchado. La palabra transforma, tal como decían los profetas.
Toda conversación conlleva el potencial de la transformación. En la tradición judeocristiana, Dios crea el mundo haciendo uso del poder generativo del lenguaje.
Escuchar al otro significa, en último término, abrirme a la posibilidad de que su palabra me transforme.
Hay entonces, dos procesos involucrados en el fenómeno de la escucha, la apertura de otro como diferente y la apertura a la transformación personal. La escucha es el elemento básico del proceso de aprendizaje. Aprender no es otra cosa que abrirse a ser transformado, a cambiar, a ser diferente con la expectativa de ser mejor, más poderoso.
La escucha es, sin lugar a dudas, la competencia más importante en la comunicación humana. En rigor, todo proceso comunicacional descansa en ella. Y ello, en primer lugar, por cuanto la escucha es lo que valida el habla. El habla sólo logra ser efectiva cuando produce en el otro la escucha que el orador espera. Hablamos para ser escuchados. Éste es el propósito del habla. Si lo que he dicho nadie lo entiende, si digo una cosa y se me escucha otra, mi habla no ha sido efectiva. Si doy una instrucción y se hace algo muy diferente de lo que he instruido, el desempeño se compromete. Si expreso una opinión y se entiende algo muy diferente, es probable que genere problemas en mis relaciones. La escucha, por lo tanto, es el criterio de validación y el indicador de calidad de nuestra habla. En este sentido, como podemos apreciar, la escucha aparece como el resultado de la acción del habla, resultado que nos permite evaluar la efectividad de dicha acción.

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