Callar como rutina defensiva



La rutina defensiva de callar

 En la conversación privada (nuestros pensamientos) se constituye el tipo de observador que somos, de ahí delimitamos lo que es posible o no para nosotros. 

La brecha entre la conversación pública (con los demás) y privada tiene un profundo impacto en nuestras relaciones personales.

Una rutina defensiva es un fenómeno sistémico y surge como efecto no deseado a partir del tipo de relaciones que establecemos. 


Cada uno es consciente de las inquietudes que lo mueven, de su propia situación y del impacto que las acciones de los demás tienen sobre sí mismos.


No conocemos adecuadamente las inquietudes de los demás y la forma como ellos perciben la situación, se trata de un conjunto de juicios de descalificación del otro.


Dado que confrontar la situación lo calificamos como inconveniente o peligroso, entonces callamos y eso se vuelve una rutina. 


Para disolverlas es necesario cuestionar a nuestro observador, pasar de un enfoque único a un enfoque múltiple, y para ello es necesario asumir la legitimidad del otro y partir del supuesto que cada uno hace lo mejor según las circunstancias que puede ver en cada momento.


También es necesario desconfiar de nuestras interpretaciones y revisar nuestros juicios y aceptar la manera a la cual estamos contribuyendo al problema.

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