La Conspiración del Espejismo
Las Dos Genéticas del Ser
Nos han enseñado la idea de que somos una unidad homogénea, un engranaje simple que debe funcionar bajo una sola lógica. Pero tú y yo sabemos que no es así. Sentimos el cortocircuito interno todos los días.
La verdad es que somos un templo habitado por dos inquilinos incompatibles que están obligados a convivir para que el milagro de la vida exista. Eres, a la vez, el hardware y el software; el barro y la luz; la Materia y la Energía.
Estas dos naturalezas no son fases que se superan. Son dos líneas de información genética y cósmica distintas, corriendo en paralelo dentro de nuestro mismo envase de carbono.
En nuestro envase, nuestro cuerpo, nuestra Naturaleza de Materia. Tenemos un motor, que es la supervivencia, el estatus, la imagen, la competencia y el poder. Es de dónde proviene nuestro ego y de dónde surge el objetivo de dominar el entorno físico y perpetuarse como especie humana.
En nuestra naturaleza energética, esa chispa que contagia y se comunica telepáticamente. Tenemos otro motor, que es el arte, la paz, la armonía, la cooperación y el amor. Es de dónde proviene nuestra consciencia incorpora, lo sutil, nuestra energía primordial. De dónde surge otro objetivo personal que es el de conectar con el todo y trascender el espacio-tiempo.
¿Por qué estamos en guerra con nosotros mismos?
Aquí es donde entra la gran distorsión. La matriz social en la que vivimos está diseñada para alimentar exclusivamente a uno de los dos inquilinos: la Materia.
Nos bombardean con algoritmos de comparación, métricas de éxito vacías, la obsesión por el estatus y el miedo a la escasez. ¿Por qué? Porque un ser que solo se identifica con su materia es sumamente predecible, consumista y fácil de controlar. Al sistema le aterra que recuerdes que la otra mitad de tu genética es pura energía libre, incalculable y cooperativa.
Nos enseñan que buscar el arte, la paz o el amor es una "pérdida de tiempo" o un lujo para cuando tengas la vida material resuelta. Es la mentira más grande del siglo. No puedes alimentar al cuerpo físico matando de hambre al cuerpo energético, porque el resultado es el vacío existencial que hoy infecta al mundo.

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