Visualización guiada para trabajar la alegría y la tristeza

                                 

   Alegría y tristeza


Toma una postura cómoda, cierra suavemente los ojos y respira lento y profundamente. Con cada exhalación, suelta un poco más el día. Estás listo para comenzar esta pequeña aventura interior...


Imagina que estás en un lugar soleado, el aire es dulce y huele a flores silvestres. Sientes el calor del sol en tu piel y una sensación ligera en tu pecho.

Mira a tu alrededor. Ves a la personificación de la Alegría. Imagínala. Observa cómo se mueve, qué ruidos hace, y siente la chispa de su energía.

La Alegría se acerca a ti, Siente esta energía, este sol. Que es lo que hace, que es lo que te dice?

Te contagias de esa sensación. Sientes que puedes moverte, que todo es fácil. Disfrutas de la ligereza y el juego.

Mientras disfrutas del momento, el sol se cubre con una nube suave. No es oscura, pero el brillo disminuye.

Aparece, con pasos lentos y pesados, la personificación de la Tristeza. Imagínala tal y como se presenta hoy. se abraza a sí mismo, moviéndose con una inercia profunda. Obsérvala con respeto, sin apuro.

La Tristeza llega y, aunque su presencia es calmada, se siente pesada. Se sienta cerca de ti y con una voz profunda, tranquila pero cargada, te dice: "Aquí no hay prisa. No hay saltos. Solo hay que sentir el peso. Hay que darse cuenta de lo que se ha ido, de lo que duele. Hay que descansar."

la Alegría sigue cerca, pero disminuye un poco su velocidad. La Alegría no desaparece, simplemente le cede espacio a esta emoción diferente.

Aquí hay. Un Momento de Quietud Compartida

Te sientas un rato al lado de la Tristeza que no exige que te entristezcas, solo te pide que estés quieto y reconozcas su presencia. Siente si hay algún peso en tu pecho o en tus hombros.

Te das cuenta de algo importante: la tristeza no te está lastimando; solo te está pidiendo que te detengas y mires dentro de ti. Su presencia te permite ver cosas que la velocidad del Colibrí no te dejaba ver.

La Tristeza te enseña la profundidad, mientras que la Alegría te enseña la ligereza. Y ambos te necesitan.

Tú le ofreces una caricia o un abrazo a tu tristeza. Le dices mentalmente: "Te veo. Reconozco tu peso y lo que me vienes a enseñar. Gracias por recordarme la necesidad de hacer una pausa."

Te levantas con lentitud. Te das cuenta de que la tristeza ha estado sentado un buen rato, pero ahora, muy lentamente, comienza a levantarse. La Tristeza siempre tiene movimiento. Nunca se queda . comienza a caminar hacia el borde del camino. Él se va, pero se va en paz, sabiendo que lo has escuchado. Se lleva consigo el peso que ya no te sirve.

El Sol empieza a brillar un poco más fuerte. la Alegría, que había estado cerca esperando, vuelve a volar más alto y a moverse con más energía.

Ahora tienes ambas cosas contigo: La experiencia de la quietud profunda, y el retorno natural de la luz y el movimiento. Sabes que la Alegría siempre está esperando, y que la Tristeza es una visita temporal, necesaria para la reflexión.

Toma una respiración honda, sintiendo la ligereza y aquello que has aprendido. Cuando estés listo, a tu ritmo, abre suavemente los ojos.


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